Corazón entintado

Corazón entintado

Podría ser algo alarmante, donde la causa desafíe cada instante, cada sentir. Pero suele ser desafiante el querer apreciar el corazón distante, entintándose de cosas, de pasados, de presentes, de recuerdos de un ayer.
Un corazón entintado, con pintadas en varios lados, con cruces irrelevantes, miradas incompetentes, sombreadas de la gente y  más de un lugar en la mente.
Tanta tinta, que deja cada marca al caminar, y cada huella en su lugar.
Tantos recursos sin destino y piedras huecas en el camino, o esos atardeceres nostálgicos en esos días de relámpago.  Sí, un corazón entintado, que pasa cada día luchando, que aprende de lo vivido, que vive despertares en lo dormido, y simplemente, busca vivir.
Un corazón entintado, que deja ser pintado, que borra el mal trago de esas tintas sin destino, y sólo deja el dibujo de aquellas que lo merecen, permanecen, y erizan la piel, es que el apreciar el corazón entintado marca un camino, y es parte de uno mismo el saber, que tener un corazón entintado también es arte. El arte de vivir coloreando, el amarte sin despreciarlo, el seguir sin miedo a caerte, y al fin, el gran arte de apreciar vivir… con un corazón entintado.

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Vivamos el hoy.

@Gonznicolas

Conocer más de mí

 

Quisiera conocer más de mí.
Voy viajando en un largo viaje, ese camino lleno de cosas que desconozco. Un viaje largo, verosímil, pero tan fugaz como el transcurso del tiempo.
Veo el cielo templado, los días contados, los arboles mirando sus propias manos, todo esto accionado a raíz del viento.
Miro por la ventana y pienso , cierro la cortina y vuelvo a pensar, ¿Será que las demás personas se hacen la misma pregunta? Mi respuesta es la misma. Desearía todos los días conocer más de mí. Como esos arboles mirando sus propias manos. Como ésta persona escribiendo este texto.

Y sí, miro por la ventana y pienso… Si el mundo es tan inmenso, y cada persona es un desierto, desearía ser atento y comprender más de esto, que es algo tan incierto, como brillante al momento, el grandioso momento, de conocer más de mí.

@Gonznicolas

 

El día gris



Hoy desperté en un día gris, donde se escondía el matiz. Donde apuntaba el tiempo y la abundancia de viento dramatizaba el color. Sentado en la cama, y mirando por la ventana, cuando la fuerza y la lluvia asomaba el viejo destino del llamado color.
Una vez comprendí, que no importa si llueve, porque el agua a veces se encarga de refrescar la sed del alma.
Volví a despertar en un día gris. Abrí, cerré, y volví a abrir mis ojos, y aun sin saber por qué, el cielo mantenía los mismos grises que nublaban mis nombrados ojos.
Volví a entender, que no importaban los grises, porque cualquier día se vuelve color. Sólo basta con despertar y con un respiro dar inicio al suspiro que enciende la llama de ese tan ansiado color.
Entonces puedo decir, que desperté en un día gris, donde se escondía el matiz, pero con carácter de dueño abundaba en demasía el cielo, y su respectivo color. El tan ansiado gris.

@Gonznicolas

Nunca es tarde

Él estaba sentado en la banqueta del salón de clases, con el lápiz en mano, borrador y el cuaderno sobre la mesa. Con la mirada perdida al ser nuevo, pero prestando atención con mucho entusiasmo al ser su primer día en una escuela. Pareciera una historia normal, de cualquier otro niño estudiando en una primaria. Pero este estudiante tenía nada más y nada menos que 84 años. Sí, Ochenta y cuatro, y es una historia real.

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Su nombre era Kimani N’gan’ga Maruge, nacido en Kenia, al este de África.
Era un agricultor, que vivió en una de las épocas más sangrientas y tristes del continente africano.
Kenia, su país natal, fue colonizada por el imperio británico, donde se cometieron terribles abusos a los kenianos entre 1952 y 1961. El grupo “Mau Mau” de dónde era parte Maruge, luchó por la liberación de su país, pero fueron gravísimamente torturados y su familia fue brutalmente asesinada. Por esto mismo no tenía nada más que perder, sólo quería la liberación de su tierra.
No obstante, fue llevado a campos de concentración por años, saliendo de uno y entrando a otro, hasta que finalmente después de casi diez años fue liberado.
Llegó a la edad de ochenta y cuatro años cuando la nación de Kenia (ya independizada), dio un boletín de “ Educación para todos”, y fue cuando decidió aprender a leer y estudiar, era su oportunidad, no tuvo la chance de temprana edad, pero en ese momento creyó que sí.


Conocí está historia hace unos días atrás cuando veía películas con mi familia, y vi el título: “The first grader”. En español: “El escolar “. Me interesó cuando leí los avances. Noté que era de drama y de una historia basada en hechos reales, entonces decidí verla. Me encantan ese tipo de películas.
Cuando te vas metiendo en la historia ves que el personaje de Kimani Maruge (interpretado por Oliver Litondo), logra mostrar a los ojos la debilidad del mismo, pero conservando una fuerza de voluntad admirable. Se lo ve varias veces cojeando y con su fiel bastón acercándose a la escuela, donde es rechazado otras tantas veces por su edad, y aun así él sigue intentándolo.
A todo esto, el film te va mostrando las secuencias y el mal trago que tuvo que soportar Maruge. Las duras y fuertes torturas, como la muerte de sus seres cercanos.
Pero en ese momento, es dónde uno se pregunta: ¿Cómo es qué esta persona con lo que tuvo que pasar, tenga tanta fuerza de voluntad? ¿A los 84 años querer aprender a leer? ¿Para qué? , Sólo hay que ver la película para entenderlo.

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Cuando veía el drama, mi abuela desde lejos me dice:
– Gonzalo, ¿Para qué ves eso? Es feo, muy triste, no veas eso.
A lo que yo le respondo:
– Abu, es la realidad, es lo que pasa de verdad, y es una forma de recordar y ser conscientes, aparte es una película de superación. De alguien que a pesar de todo siguió luchando.

Es que así lo veo yo, a veces el seguir la lucha es el logro de todos.
Y lo entendí cuando vi la escena donde Maruge toma su lápiz, y mira el pizarrón cómo si fuese algo extraño, y se nota esa motivación a algo tan simple, que me di cuenta que a veces uno no sabe cómo disfrutar de las pequeñas cosas. Y pienso que ese hombre disfrutó  de algo tan pequeño, que es algo básico para cualquiera de nosotros, pero más que enorme para él.  Entonces me pregunto: ¿Cómo es que a veces uno se ahoga en un vaso de agua tan fácilmente?, ¿Cómo es que hay lamentaciones por cosas tan mínimas, y preocupaciones tan grandes por cosas sin sentido?
Resulta que vivimos en un mundo donde si no tenés el último celular, o ropa de marca no sos nadie. Dónde las cosas fundamentales están en verse bien por fuera que por dentro, entonces mi pregunta vuelve a ser: ¿Por qué no disfrutar de las cosas sencillas?, esas que llenan más, que a los ojos de los demás no son nada, pero a los ojos de uno lo dicen todo.
Y si algo me enseñó está película, es que siempre hay que luchar y perseguir los sueños de uno, ya sea lograr un gran objetivo anhelado, o algo tan simple como leer. Porque para otros será algo sin sentido, pero para uno, por más pequeño que parezca, será lo más grande.

Maruge falleció un 14 de agosto de 2009, pero no antes de tener su oportunidad. Él quería estudiar, quiso leer, y lo logró.  Fue elegido como imagen de la ONU para promover la educación gratuita en el mundo.

Un lápiz apunto de escribir.

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Todo es posible si lo creés. Es que somos como un lápiz apunto de escribir. Así somos.
 A veces, intentamos trazar cosas que anhelamos e imaginamos para nuestra vida, y torpemente la mente nos dice, que no somos suficientemente capaces de creer en nosotros mismos, y nos olvidamos que somos un lápiz apunto de escribir, lleno de mucho que decir y tanto que dibujar. 
El pintar nuestra vida como queremos, queda lejos cuando el accionar de nosotros se acompleja, simplemente por no querer entender que todo es posible. Tanto es así, que el miedo a intentar se enreda en nuestros sueños y entorpece la visión, la vista.
Nos quita esa sensación de ilusión a lograr lo deseado, lo soñado, incluso lo increíble. 
¿Y si tan sólo nos animamos a escribir nuestra propia hoja?, nuestras metas, nuestros sueños. Seríamos capaces de interpretar cada chance cómo única y real.
 Cada una de nuestras páginas, reflejaría quiénes somos y queremos ser. Y en efecto, cada frase escrita en nuestro papel, diría más que todo.

No tengas miedo a soñar, a luchar, a sonreír. Porque con fe, todo, absolutamente todo, es posible.
Entonces, animémonos a escribir nuestra vida, nuestros sueños. Porque al fin y al cabo, somos cómo un lápiz apunto de escribir. Así somos, lleno de mucho que decir, y tanto que dibujar.